Mierda escrita por Guillermate Etiquetas:

No he escrito en mucho tiempo porque olvidé la contraseña del blog. Luego la recordé, pero olvidé que tenía un blog. El otro día pisé una mierda por la calle y me acordé de él.

Ayer estuve de excursión con el instituto en Almería y, entre otras cosas, estuvimos viendo las cuevas de Sorbas.

Cuando el profesor nos dijo que ibamos a ver unas cuevas pensé en que iba a ser un paseo dentro de una montaña. Pero no fue exactamente así. Ahora entiendo porque nos pusieron en el autobús tantos capítulos del Último superviviente.

Al llegar al lugar de la cueva nos dieron unos cascos con linterna muy guays. Como adolescentes que somos, las mujeres se echaron 123456784321 fotos con los cascos puestos y los hombres estuvimos 10 minutos dándonos cabezazos entre nosotros. Pero era un mero ensayo de resiliencia, es que somos del tecnológico.

Bajamos a las cuevas y los primeros minutos de trayecto estuvieron chupados. Aunque me di un golpe de traumatismo craneoencefálico, gracias al casco sobreviví. Además, los golpes que me di antes de entrar a la cueva con el resto de tíos fueron mucho más fuertes. Todo iba bien, there was no problem.

Pero todos nos ibamos dando cuenta de que el camino se iba haciendo más difícil cada vez. Cuando me tuve que arrastar para llegar a la próxima cámara de la cueva me percaté de que no era tan fácil como me esperaba. Por suerte me puse chandal ése día. Sin embargo, otro compañero, no tan inteligente como comprobaréis, se vino en vaqueros con sus converse.

Vamos a ver, no hay que ser extremos. No hay que llevar chándal cada día. Que le preguntas a un cani por qué lleva chandal cada día y te dice: "Es que me gusta ir cómodo". Bueno, señor cani, a mi también me gusta ir cómodo y no por ello salgo a la calle en pijama. Pero tampoco hay que hacer como mi compañero y no ponerse nunca chándal. ¿Os imagináis al último superviviente grabando sus programas en plató, digo, en traje? No tiene sentido. Niños, tenéis que saber elegir el tipo de prenda en cada momento.

Volviendo al tema cuevas, el trayecto fue difícil, pero por suerte soy un tipo con un gran sentido del humor y solo lloré tres veces. Además, apenas me entró el pánico cuando tenía el agua al cuello, literalmente. Lo que sí me sorprendió mucho fueron las ramas de árbol estratégicamente colocadas. Es increíble lo precisa que puede ser la naturaleza a veces.

Pero basta de cosas negativas. Tengo que reconocer que fue una experiencia muy interesante. Y ahora, si me disculpan, tengo que asistir al funeral de uno de mis compañeros.